El mito de Juan Moreira todavía galopa en la pampa de Buenos Aires. Su figura de gaucho rebelde se transforma en relato compartido, en escenas populares y en una identidad que todavía se celebra, como si el tiempo no hubiera logrado domesticar su leyenda.
Tradición latente, graves decires de aguda intuición
El gaucho Juan Moreira cabalgaba las pampas bonaerenses sobre un caballo bayo acompañado por su perro Cacique y vestido con el poncho que dejaba ver el facón, obsequio de Adolfo Alsina. Entre 1870 y 1874 fue perseguido por la policía hasta que, en la pulpería La Estrella de la actual ciudad de Lobos, el sargento Chirino lo hirió por la espalda cuando intentaba escapar saltando el paredón del lugar tras una ardua pelea contra treinta uniformados.
Durante las últimas décadas del siglo XIX, la provincia de Buenos Aires hervía entre disputas políticas. Nacionalistas y Autonomistas, conocidos popularmente como “crudos” y “cocidos”, se enfrentaban bajo los liderazgos de Bartolomé Mitre y Adolfo Alsina. En ese escenario, y en medio de esos vaivenes, transcurrió la vida de este gaucho perseguido, cuya historia personal reflejó la de tantos hombres del campo abusados por el poder y la justicia de su tiempo.
Hoy, aquella figura se ha transformado en un símbolo folclórico y auténtico que despierta curiosidad, simpatías y también controversias. En los pueblos bonaerenses que recorrió, Moreira vive en la memoria colectiva: en documentos históricos, en relatos transmitidos de boca en boca, en escenarios naturales que parecen detenidos en el tiempo.
Los llamados “Caminos de Moreira” invitan a seguir sus pasos por localidades como Cañuelas, General Las Heras, Lobos, Marcos Paz, Navarro, Roque Pérez y San Miguel del Monte. Allí, el mítico personaje aparece bajo distintas miradas: en la precisión de los archivos, en la inspiración del arte, en la fuerza de la tradición criolla, en el anecdotario popular que se cuenta entre vecinos. Un recorrido donde realidad y fantasía se entrelazan, y donde la provincia de Buenos Aires revela no solo paisajes, sino también las huellas vivas de su propia identidad.
Según cuenta la leyenda, donde cayó su sangre nació una planta de tuna que desde entonces permanece y crece al lado de ese tapial en memoria de esta mítica figura.
Un clásico de la literatura es la novela gauchesca Juan Moreira, escrita por Eduardo Gutiérrez. Entre noviembre de 1879 y enero de 1880, fue publicada como folletín en el diario La Patria Argentina. Es uno de los textos más trascendentales de la literatura argentina y del romanticismo hispanoamericano.
Uribelarrea, la escenografía real de un gaucho inmortal por Leonardo Favio
En el corazón del partido de Cañuelas, a poco más de una hora de la Capital Federal, se encuentra el Pueblo Turístico Uribelarrea, una pequeña localidad que parece haberse detenido en el tiempo. Sus calles polvorientas, las casas bajas de ladrillo visto y las pulperías antiguas conforman un escenario perfecto para la evocación histórica. No es casualidad que, en 1973, Leonardo Favio lo eligiera como set natural para rodar una de sus obras más recordadas: Juan Moreira.
La película, que retrata la vida del gaucho matrero encarnado por Rodolfo Bebán, encontró en Uribelarrea la escenografía viva que ninguna construcción de estudio hubiera podido igualar. Las fachadas antiguas, la plaza central y los almacenes de ramos generales sirvieron de telón de fondo para recrear la Buenos Aires de fines del siglo XIX. Aún hoy, los vecinos cuentan anécdotas del rodaje, cuando el pueblo entero se transformó en escenario de época y el bullicio del cine interrumpía la calma habitual.
Uribelarrea no perdió ese aire de postal antigua. Caminar por sus calles es volver a la Argentina profunda, la de las pulperías y las tradiciones gauchas. El Palenque, patrimonio histórico y cultural del partido de Cañuelas, reúne historia y sabor “Tenemos la mesa 11 llamada Juan Moreira, la más solicitada, donde se filmó una escena icónica del gaucho con la iglesia de fondo”, contó Karina Viviana Civitillo, gerente.
Platos tradicionales de Argentina donde se destacan la empanada de carne cortada a cuchillo frita, carnes al asador y bife de chorizo con papas fritas. “Y no se pueden ir sin probar el flan casero con crema y dulce de leche” , agregó Civitillo.

“Todos los años, directores eligen Uribelarrea y El Palenque para hacer su contenido, siempre es un honor ser parte de la historia fílmica de Argentina”, expresó.
Uribelarrea es para muchos, un viaje al pasado. Para el cine argentino es el recuerdo imborrable de cuando un pequeño pueblo bonaerense se convirtió en leyenda a través de la cámara de Leonardo Favio.
En la pampa la historia no es pasado muerto, sino un relato que se sigue escribiendo. Quizás por eso, entre paredes centenarias y calles de polvo, uno tiene la sensación de que el gaucho Moreira aún puede doblar la esquina y que Favio, cámara en mano, todavía anda buscando la mejor toma.
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