La investigación penal que involucra a un importante empresario vinculado al Parque Industrial de Quilmes ingresó en una etapa procesal particularmente delicada.
Según altas fuentes judiciales, la fiscal interviniente habría considerado en un despacho emitido en plena feria, que de la totalidad de las constancias reunidas hasta el momento, urgiría la existencia del delito de abuso sexual gravemente ultrajante por su duración.
La expresión no es menor. Tampoco es una condena, claro está. Pero en el lenguaje cuidadosamente moderado de los tribunales, donde cada verbo suele caminar con casco y chaleco antibalas, afirmar que la totalidad de la prueba colectada al momento permite considerar preliminarmente configurado un delito de semejante gravedad, representa un avance procesal más que significativo.
Además, las fuentes judiciales consultadas, confirmaron que la fiscalía se encontraría evaluando la adopción de nuevas medidas respecto del imputado.
Por otra parte, la denunciante, una exempleada suya, solicitaría medidas urgentes de protección judicial, en resguardo de su integridad física y por la seguridad de su familia.
La investigación deberá continuar bajo las reglas de la presunción de inocencia, pero ya no parece encontrarse en el cómodo territorio de las versiones enfrentadas. La fiscalía habría asentado una valoración preliminar sobre el conjunto de las evidencias incorporadas.
En ciertos círculos empresariales locales, acostumbrados a que el poder económico funcione como credencial, salvoconducto y, ocasionalmente, cortina, la novedad comenzó a circular con visible incomodidad. Los teléfonos suenan, las explicaciones se ensayan y el silencio —esa antigua política institucional— empieza a cotizar en baja.
Mientras tanto, la Justicia resuelve por estas horas sendas presentaciones "desesperadas" que los letrados del empresario, uno de ellos muuuuy conocido, intentan para salvarlo del escándalo, dado que de salir a la luz estos hechos, otras víctimas podrían animarse a hablar.
No es todavía el final de la historia. Pero, para un hombre habituado a controlar cada movimiento dentro de su territorio, el margen para manejar el relato parece haberse reducido considerablemente.