Fuerte y realista homilía de la Solemnidad del Corpus Christi que este domingo 07 de junio compartió el Padre Obispo Carlos José Tissera en la misa vespertina de la Iglesia Catedral de Quilmes. Texto completo.
HOMILIA DE LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI
Catedral de Quilmes, domingo 7 de junio de 2026
Hermanas y hermanos:
Hoy celebramos a Jesús, “el Pan vivo bajado del Cielo”. Esta solemnidad tan querida por la Iglesia, nació hace siglos para aumentar nuestro amor al Señor que camina en medio nuestro, porque lo necesitamos.
El evangelio nos presenta una parte del discurso que hizo Jesús en Cafarnaúm, luego de la multiplicación de los panes. Todos lo siguen porque piensan que van a comer gratis. Jesús les hace ver que él viene para saciar otra hambre; el hambre de la vida verdadera y plena.
“Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi carne para la Vida del mundo” (Jn. 6, 51)
En este Año Jubilar “Bodas de Oro” de la Diócesis de Quilmes ponemos a los pies de Jesús Sacramentado la vida de nuestra Iglesia particular, a todo nuestro pueblo. También las sesiones de nuestro Tercer Sínodo Diocesano, unidos bajo el lema: “Iglesia de Quilmes, camina con la alegría del Evangelio”.
“El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día” (v.54)
Necesitamos que alimentes nuestra fe, nuestra confianza en ti, Señor, y que nos alimentes la confianza en los demás. Los golpes de la vida, las situaciones de soledad y desamparo, las injusticias que nos rodean y golpean, las palabras que nos hieren y nos resienten, nos han vuelto desconfiados y muchas veces amargados. Las desilusiones en la vida familiar, en la vida social y política, nos vuelven indiferentes o desinteresados. Nos cuesta volver a creer en los demás. Vemos tanta mentira, tanta falsedad y manipulación mediática, que se nos hace difícil levantar la cabeza y creer en algo mejor. Estamos necesitados de ese alimento que nos ofreces, Señor.
Necesitamos que alimentes nuestra esperanza. Van pasando los años y parece que crece el “sálvese quien pueda”, y el individualismo que promueve un mundo para pocos con mucho y muchísimos con poco. La pandemia dolorosa que soportamos y la mayoría, gracias a Dios, la superamos, no parece habernos dado una lección de humildad y de solidaridad. Es como que agrandó y profundizó las diferencias, y prevaleció la idea de que hacernos enemigos unos de otros, es el modo de sobrevivir. Necesitamos volver a esperar en las fuerzas transformadoras de la fraternidad, del servicio mutuo, de la compasión y de la misericordia. Caritas hoy realiza su Colecta Anual, con el lema: “70 años alentando la esperanza”. Son siete décadas en que la Iglesia nos ayuda a tomar conciencia que al lado nuestro caminan hermanos con necesidades. Caritas nos ayuda ver en ellos a Cristo mismo que nos dice: “Tuve hambre y me diste de comer”. La Colecta ayuda a paliar la emergencia alimentaria que vive la Argentina. Pero Caritas tiene también programas que contribuyen al desarrollo integral de las personas. Pero, la situación de pobreza que vive el país, exige que esté más abocada a los programas alimentarios.
Necesitamos, Señor, que alimentes nuestro amor. Necesitamos dejarnos transformar el corazón, contemplando tu Sagrado Corazón lleno de misericordia y ternura con todos. En este misterio de la Eucaristía has querido quedarte presente, para recibirnos y poder adorarte y alabarte. Para que nuestro ser salga del encierro que nos ahoga, y podamos llenarnos de tu alegría y de tu paz. Vos estás presente realmente en el Sacramento de tu Cuerpo y de tu Sangre, para mostrarte a todos, humilde y pobre. Podemos ponernos delante de Ti para que nos mires. Nada se oculta a tus ojos. No es necesario usar palabras rebuscadas o difíciles para comunicarte lo que sentimos, lo que pensamos, lo que sufrimos o lo que nos alegra. Podemos presentarte no sólo nuestras realidades personales; podemos llevar a vos a las demás personas que nos acompañan en la vida, la realidad de nuestra ciudad, de nuestro barrio, de nuestro país. Vos estás Señor, y podemos decirte como aquellos peregrinos de Emaús: “quedate con nosotros, porque anochece”.
Señor, necesitamos que nos alimentes con tu Pan de vida y de amor; porque hay malos tratos entre nosotros. Las palabras suelen ser hirientes, descalificadoras, burlonas, agresivas. Ésto en la vida familiar, en las calles y también, en los dirigentes. Hemos permitido que se normalice esta forma de conducirnos. Necesitamos, Señor, que nos ayudes a cuidar los vínculos entre nosotros; en nuestro hogar, entre los familiares y amigos, en las instituciones barriales o vecinales, en el ámbito de la vida laboral, profesional y en las dirigencias políticas. Necesitamos que revitalicemos los canales del diálogo, del encuentro, para construir juntos el bien común.
Necesitamos, Señor, que alimentes nuestra hambre de justicia y de paz; ambas van de la mano. No hay paz sin justicia. Ha crecido la injusticia. Cada vez son más los que menos tienen, y la riqueza se concentra en pocas personas. Argentina es un reflejo de lo que pasa en la humanidad de este siglo XXI. El 1% más rico de la población mundial concentra aproximadamente la mitad (43% - 50%) de toda la riqueza del planeta. La riqueza de los milmillonarios ha crecido a un ritmo vertiginoso en los últimos años, multiplicándose tres veces más rápido que el promedio de la década pasada.
En Argentina, todos lo vemos, cada vez hay más gente vagando por las calles porque no tienen dónde vivir. No les alcanza para el alquiler, y no tienen trabajo. Cada vez es mayor el número de gente endeudada. Lo dicen los mismos banqueros. Pero en nuestros barrios, lamentablemente, muchos se están endeudando con el peor prestamista, el que comercia la droga. Antes la gente se endeudaba para ampliar la casa, para tener un vehículo mejor para trabajar, o para mejorar sus instalaciones comerciales o sus máquinas industriales. Hoy, lamentablemente, la gente se está endeudando para poder comer, educar los hijos o comprar los remedios.
Necesitamos, Señor, alimentes nuestro amor. Que quienes son responsables de las políticas públicas, tengan la sensibilidad para ver la situación de los más desprotegidos y agobiados por la situación. Ilumínalos y toca sus corazones. A todos, damos un corazón solidario para compartir y servir, según nuestras posibilidades, a los que más necesitan.
¡Bendito y alabado sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar! ¡Sea por siempre, bendito y alabado!
Como dice el antiguo himno, popularizado en el Congreso Eucarístico Internacional, celebrado en Buenos Aires, en el año 1934:
“Cristo Jesús, en Ti la Patria espera”
+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes