Alberto De Fazio, secretario de Comunicación de la Municipalidad de Quilmes, analiza el escenario político puertas adentro del peronismo y hacia el resto de la sociedad.

Desde el gabinete de Mayra Mendoza pero con una mirada amplia del escenario político, el dirigente quilmeño Alberto De Fazio plantea las oportunidades que se presentan para el peronismo, así como sus límites, frente al desafío de generar una alternativa para las elecciones de 2027.

Mano a mano con INFOCIELO, analiza la necesidad de construir un programa unificado e impulsar una nueva estatalidad orientada a responder a las demandas sociales actuales. Asimismo, cuestiona el modelo socioeconómico del gobierno de Javier Milei, promueve la descentralización de servicios hacia los municipios y reflexiona sobre el perfil de liderazgo que requiere la provincia de Buenos Aires para encarar las transformaciones pendientes

—¿Cuál es su diagnóstico sobre el estado del peronismo y cómo se articula la tensión entre la necesidad de unidad y la resolución de disputas internas?

—Veo que los distintos sectores se están reuniendo, y me parece bien. Ahora, esas reuniones tienen que terminar en algo concreto: una propuesta común y un orden de prioridades que todos estemos dispuestos a sostener sin romper la unidad. Si en algún distrito las diferencias hay que resolverlas compitiendo, que se compita con reglas acordadas antes y que después nadie las discuta.

Tengo expectativas. También tengo claro que es un momento de mucha responsabilidad, y que las ambiciones personales van a tener que esperar. Lo que le pasa a la gente en la Argentina y en la provincia pesa más que cualquier candidatura.

La unidad por sí sola no alcanza. Hace falta un programa y hace falta gente dispuesta a cumplirlo, porque sin eso no hay una alternativa capaz de recuperar el gobierno nacional, y tampoco hay manera de seguir adelante con las reformas que la provincia de Buenos Aires necesita.

Para los que militamos en el peronismo esto es casi una obligación con el país. Nuestra historia nos exige estar a la altura, y lo que pasó en estos años nos obliga a revisar en qué nos equivocamos. Tenemos que volver a ser una mayoría, y para eso la gente tiene que volver a ver en el peronismo la posibilidad concreta de vivir mejor. Nos inspira el Brasil de Lula y su lucha por mejorarle la vida de millones de personas, como lo hicieron Néstor y Cristina después de los tiempos más oscuros de la Argentina en los años 2000/2001.

—Frente al fenómeno político que encabeza Javier Milei y las transformaciones de fondo que promueve, ¿qué lectura hace de su modelo de país y del papel que desempeña dentro del mapa de poder socioeconómico nacional?

—Milei le pone voz, y una voz estridente, a los intereses de siempre. Detrás de su programa están los sectores financieros y extractivistas, que no generan empleo y a los que el desarrollo, la producción, la ciencia o la tecnología les resultan indiferentes.

Por eso fui de los primeros en confrontarlo. Lo veo como un instrumento grotesco de los verdaderos factores de poder del país, que encontraron en él a alguien capaz de convertir su agenda en un espectáculo. Estoy convencido que comienza a formar parte del pasado de este país

—Pensando en la reconstrucción de una vocación de mayoría, ¿cuáles deberían ser los ejes programáticos centrales de una «Nueva Estatalidad» y qué transformaciones estructurales requiere la propuesta del peronismo?

—Lo primero es discutir qué país queremos y cómo pensamos gobernarlo. Cristina lo planteó en sus cartas de septiembre y octubre de 2024: hay que pensar una “Nueva Estatalidad”, revisar lo que ya no funciona y darle respuestas a una sociedad que cambió.

Fue la única que se animó a plantear una relación distinta entre el Estado y la sociedad, aun sabiendo que eso tocaba intereses de los sectores de poder. Yo creo que por eso hoy está presa.

Cuando hablo de una nueva estatalidad pienso en un Estado que resuelva problemas y preste buenos servicios no un estorbo para la gente. Pienso en un sistema impositivo más simple y más justo, donde se pongan sobre la mesa los beneficios que hoy reciben los sectores más concentrados. Pienso en una reforma de la educación pública y en una política de seguridad que enfrente en serio al narcotráfico y el delito complejo. Imagino una reforma profunda del Poder Judicial, la Corte y la justicia Federal especialmente. Y pienso en algo que nos cuesta admitir: el mundo del trabajo cambió, y hoy hay millones de trabajadores que no tienen respuestas ni representación.

Después vienen los problemas de fondo de la economía. La deuda externa, la falta de dólares, la dificultad enorme de reconstruir una moneda en la que la gente vuelva a confiar. Ninguno de esos problemas se resuelve si no hay un proyecto de desarrollo que ponga en el centro al trabajador, la producción y la innovación tecnológica.

—En el plano bonaerense, ¿cómo se traslada esta necesidad de reforma estatal y qué implicancias institucionales y fiscales tiene el debate sobre la descentralización o municipalización de servicios?

—La discusión es la misma. Hay que repensar cómo está organizada la administración provincial: qué hace cada área, qué trámites se pueden simplificar, dónde se superponen las funciones y quién responde por cada cosa. Cada estructura tendría que poder explicar qué problema resuelve y rendir cuentas por sus resultados. Tenemos organismos heredados de la Colonia y el Siglo IXX que resultan obsoletos hoy.

En ese marco, tenemos que avanzar hacia una mayor municipalización de los servicios. El municipio es el Estado más cercano al vecino, el que mejor sabe lo que pasa en cada barrio, y hay cosas que desde ahí se resuelven mejor.

Eso sí: transferir responsabilidades sin transferir lo demás es engañarse. Si se pasa un servicio, hay que pasar también los recursos, el personal, la capacidad de decidir y las herramientas para gestionarlo. Y hay que tener presente que los municipios no son todos iguales, ni en recursos ni en capacidad de gestión.

A la Provincia le queda un rol fundamental. Tiene que planificar, coordinar y garantizar que entre los territorios haya igualdad, fijando estándares y acompañando a los municipios para que cualquier bonaerense reciba servicios de calidad, viva donde viva.

Para mí este es un debate central del peronismo: cómo construimos un Estado que cambie la vida de todos los días. Cristina abrió esa discusión en 2024. Ahora nos toca profundizarla y bajarla a propuestas concretas, para la Nación y para la Provincia.

—Dada la complejidad de la provincia de Buenos Aires, ¿qué atributos de trayectoria, gestión y proyección política considera indispensables en el liderazgo que encabece la Gobernación en la próxima etapa?

—Ojalá sea un compañero que haya gobernado un municipio. El que gobernó un distrito conoce los problemas de cerca, manejó recursos y tuvo que dar la cara todos los días frente a los vecinos. Esa experiencia vale mucho para la transformación que la Provincia necesita.

Y lo ideal sería que asuma para gobernar Buenos Aires, sin estar pensando en ser candidato a presidente cuatro años después. Las reformas que la Provincia necesita son profundas, llevan tiempo y pueden tener costos políticos. Un gobernador que mira una candidatura presidencial va a condicionar esas decisiones o las va a ir postergando, es casi inevitable.

Debemos revisar la organización administrativa, el reparto de competencias y la relación con los municipios y, si hace falta, impulsar una reforma constitucional con un acuerdo político, social y gremial amplio. Para eso necesitamos un gobernador con la cabeza puesta en transformar la provincia.

—Dentro de ese esquema descentralizador, ¿es viable y conveniente transferir la competencia de la seguridad a los municipios, y cómo se articula con la persecución del delito complejo a nivel provincial?

—Sí. Pienso en policías municipales de proximidad y prevención, como lo está planteando Mayra Mendoza en Quilmes con la nueva Policía Municipal, con conducción local, buena formación y controles claros. Una fuerza que conozca los barrios y tenga trato diario con los vecinos y que pueda actuar antes de que los problemas se agraven.

Eso le permitiría a la Policía de la Provincia concentrarse en investigar y perseguir el delito complejo: el narcotráfico, las organizaciones criminales, la trata y las redes que operan en varios distritos a la vez.

Las dos fuerzas tienen que trabajar coordinadas, con información compartida, protocolos y responsabilidades bien definidos. Y la municipalización necesita financiamiento estable, equipamiento y capacitación, porque si eso falta, la prevención va a funcionar en los municipios ricos y en los demás no.

Garantizar esa igualdad le corresponde a la Provincia, que además tiene que conservar la capacidad de intervenir cuando un problema excede la escala local. La cercanía del municipio y la capacidad de la Provincia tienen que ser parte de una misma política de seguridad.

—Ante un clima social atravesado por el desencanto y la incertidumbre económica, ¿cuál es la perspectiva política y el horizonte de futuro que el espacio busca transmitir a la ciudadanía?

—Que hay motivos para tener esperanza. La Argentina tiene recursos y capacidad productiva, y tiene sobre todo un pueblo que se levanta todos los días a trabajar para salir adelante. La política tiene que estar a la altura de ese esfuerzo y ofrecer un rumbo que le permita a la gente volver a proyectar una vida mejor, el peronismo se encuentra trabajando en construir esa esperanza que no defrauda.

En la provincia de Buenos Aires hay una fuerza enorme para construir ese futuro. Está en los municipios, en las universidades, en las industrias, en los comercios y en las organizaciones comunitarias. Tenemos que escucharla, darle participación y animarnos a hacer las reformas que hacen falta para que esa fuerza se traduzca en mejores servicios, en más seguridad y en más oportunidades.

Yo confío en que podemos construir una etapa mejor para la Provincia y para el país. Nos toca trabajar con humildad, aprender de lo vivido y poner lo que tenemos en común por encima de lo que nos separa. Que una familia pueda vivir de su trabajo, que los jóvenes puedan imaginar su futuro acá, que nuestros mayores vivan tranquilos: esos objetivos todavía pueden reunirnos, y ahí es donde hay que poner el compromiso militante.

Fuente www.infocielo.com