Cuando el territorio se vuelve trinchera hay un silencio espeso en las esquinas de los barrios que no es pasividad, es agotamiento. Hablar hoy de militancia territorial en la Argentina actual implica mirar de frente a una realidad inapelable: la política no puede disputar sentidos cuando el plato está vacío.
En este escenario de ajuste feroz, apertura indiscriminada de importaciones, pérdida masiva de empleo y un modelo económico que asfixia tanto los grandes números como el changui diario —lo que bien llamamos infraeconomía, la economía de la supervivencia pura—, la militancia a pie atraviesa su momento más complejo. No se trata de una escasez de convicciones, sino de una tragedia material.
Opinión y datos.
Datos duros de la crisis en los barrios populares de la Tercera Sección
Pobreza estructural por encima del 50%: Mientras los promedios generales varían, los informes estadísticos y relevamientos sociodemográficos del conurbano muestran que municipios clave del sur y oeste del conurbano (como Florencio Varela y Presidente Perón) registran bolsones de pobreza estructural que superan largamente el 50% de la población.
El peso de la Tercera Sección del conurbano bonaerense: Esta región nuclea a más de 5 millones de electores (más del 35% de toda la provincia de Buenos Aires), concentrando la mayor densidad de asentamientos, barrios populares (RENABAP) y trabajadores informales del país. Es el epicentro donde el ajuste impacta de forma directa sobre la infraeconomía.
La caída de la changa y el empleo informal: En la base de la pirámide social, donde más del 40% o 50% de los trabajadores se rebusca en la economía popular (construcción informal, venta ambulante, changas de mantenimiento y reciclado), la retracción del consumo general hizo que la demanda de trabajo diario cayera abruptamente, dejando a miles de familias sin ingresos fijos ni temporales.
La explosión de la asistencia alimentaria: En los comedores y merenderos comunitarios de los barrios, la demanda creció de manera exponencial, duplicando o aumentando hasta un 35% y 50% más la cantidad de familias y niños que se acercan a buscar un plato de comida ante la imposibilidad de cubrir la Canasta Básica Alimentaria con ingresos de changas pulverizados por la inflación.
La política del estómago vacío:
por qué la trinchera hoy es el día a día?
“Nos dijeron que venían a ordenar la macroeconomía" pero en los barrios lo único que sentimos es la asfixia de la infraeconomía : el dinero que no alcanza para el colectivo, el chango que se vacía cada semana y la angustia crónica de no saber cómo arrancar el mes. Y en este desierto social, nos preguntamos por qué los compañeros no salen a militar, por qué cuesta tanto ver caras nuevas, emergentes genuinos que renueven el pulso de la calle.
La respuesta duele, pero es transparente: no se puede hacer política con el estómago vacío. La derecha liberal que hoy gobierna no solo desmantela el Estado; desmantela la vida comunitaria. Cuando la prioridad absoluta pasa a ser la changa que no aparece o conseguir un paquete de fideos, la militancia deja de ser una opción y se convierte en un lujo inalcanzable.
El hambre desmoviliza, aísla y deprime. Golpea primero el bolsillo, después la salud mental y, finalmente, la organización colectiva.

Por eso hoy no hay relevo generacional automático, ni brotan nuevos emergentes barriales con la fuerza de antes. Estamos los mismos de siempre, los que resistimos porfiadamente, pero con el cuerpo roto y el alma pesada. Soportamos la angustia financiera propia y la ajena, porque al compañero que no tiene para comer no se le puede pedir que camine tres kilómetros para discutir una idea de estrategias políticas territoriales.
Este estancamiento no es una derrota ideológica; es el resultado directo de una política cruel que empuja al pueblo a la subsistencia individual. Pero reconocerlo es también el primer paso para replantearnos todo. La militancia real de hoy no es la que exige marchar, es la que abraza el dolor del vecino, la que sostiene los comedores INVISIBILIZADOS y la que entiende que, antes de volver a llenar las calles, NECESITAMOS CURAR LAS HERIDAS DE NUESTRA PROPIA GENTE.
“AL GRITO DE LOS MILITANTES TERRITORIALES NO SE RINDE, SEGUIMOS LUCHANDO EN LOS BARRIOS MAS PROFUNDOS.
